Me sentí su puta en Roma

Mi primera experiencia sexual la viví en Roma

Mi primera experiencia sexual como puta de Valencia la viví en Roma, junto a Martín, mi chico durante nuestro viaje de fin de curso; de esta vivencia hace ya unos años. Mi historia es de lo más común, pues perdí mi virginidad como puta, como os he dicho, con mi chico, la única característica extraordinaria fue que no sucedió aquí, en su casa o en la mía, sino en Roma.

Fui muy feliz en esa ciudad junto a Martín y aunque ya éramos una pareja desde hace tiempo, no habíamos previsto —ni mucho menos programado—que durante ese viaje iba a suceder algo que deseábamos, aunque siempre nos habíamos dado tiempo para vivirlo.

Tanto para él como para mí fue nuestra primera vez y eso lo hizo todavía más bonito. No extrañé nada y aunque, quizá a muchos pudiera parecerles que no fue una primera vez perfecta, mi sensación no es ésa.

Aunque en algún momento fue evidente la falta de experiencia como la mejor escort en Valencia que tenía. Aún así supimos suplirla con todo el sentimiento, todo el cariño, todos los besos y abrazos que nos dimos…

Así recuerdo cómo nuestros cuerpos, tendidos sobre la cama de aquel hotelito del Trastévere romano, temblaron de emoción cuando nos sentimos unidos por nuestros sexos: cuando fuimos conscientes de que él estaba en mi interior y de que yo lo cobijaba.

Quizás os parezca cursi esta manera de contaros lo que sentí, pero es mi manera de ser, es como yo lo sentí en cada momento. Martín para mí es muy importante y aunque no sé si llegare a casarme con él y formar una familia —algo que me encantaría, pues en ningún momento echo de menos conocer a otros chicos—, no dejo de sentir la importancia esencial que él tiene en mi vida y el lugar principal que ocupa en mi corazón.

Por lo que sentirlo dentro de mí, notar cómo su sexo se deslizaba por el mío hasta toparse con la barrera física de mi himen, fue algo mágico, cálido, intenso, que agitó y estremeció hasta la última célula de mi cuerpo y se grabó a fuego en el recuerdo de mi mente. En ese instante en que su sexo invadió el mío noté como todo mi cuerpo se convulsionaba y como ninguna partícula de las que lo forman quedaba indiferente ante aquella «entrada».

En ese momento mágico de la penetración, me sentí como una puta, y sentí cómo su sexo me gustaba más que nunca y no sólo eso sino que además se acoplaba al mío perfectamente: noté como nunca toda la forma de su miembro, su dureza y la calidez embriagadora que emanaba de éste: aún hoy al recordarlo, aún hoy al imaginar ese momento para compartirlo con vosotras, no puedo evitar que un escalofrío me recorra de arriba a abajo mi cuerpo.

A medida que pasaba la semana, Roma nos embriagó con su encanto eterno e indescriptible. Pero sobre todo nos embriagamos de una sensación de libertad que hasta ese momento nunca habíamos experimentado.

Y es que, en el fondo, nunca nos habíamos sentido tan libres como durante ese viaje, pues aunque lo hicimos con los profes y el resto de nuestros compañeros y amigos, estábamos solos, alejados de nuestras familias y sin ninguna norma concreta que cumplir o sin nadie a quien tener que rendir explicaciones en un momento dado, pues los profes se mostraron enrollados en todo momento, aunque también a cambio nos exigieron que tuviéramos una conducta responsable en todo momento y que no fuéramos de listillos…

VIVIENDO LA NOCHE ROMANA…

Evidentemente hicimos todas las visitas a todos los monumentos, museos y demás, puesto que no dejaba de ser un viaje de fin de curso, por tanto no podía ser de otro modo. Pero aún así, tuvimos también tiempo de recorrer bares de copas y de encontrar alguna disco en las que, tras insistir un poco, el segurata hizo la «vista gorda» y nos dejó pasar —en todos los sitios funciona del mismo modo: siempre están los plastas de los seguratas que te lo ponen difícil, si no tiene el carnet de VIP o historias de este tipo—…

Y la segunda noche que salimos, con el permiso de los profes, nos enrollamos con unos chavales italianos de nuestra misma edad, súper guays, y el resto de días hicimos el «tour nocturno» por Roma con ellos. (Este año han venido ellos aquí y se lo han pasado genial…). Fue alucinante.

También, por mediación de Fabio, uno de los chicos italianos, dimos con el hotelito del Trastévere y pudimos vivir nuestra noche mágica sin que la habitación nos costara ni un duro, pues era de su tío y le hizo el favor…

Fue un auténtico sueño tener aquella pequeña pero bonita habitación en aquel hotelito del encantador barrio de Trastévere. Nuestros compañeros nos «cubrieron», pues aquella noche salimos todos juntos y también volvimos todos juntos: ése era el trato. No os voy a negar que, cuando nos encontramos en la habitación a solas, nos sentimos nerviosos y un poco cortados, pues los dos sabíamos qué iba a pasar, pero tuvimos suerte del hilo musical y conectamos un canal en el que ponían canciones italianas, de esas románticas, un factor que creó un buen ambiente entre los dos.

Así, más desinhibidos, nos duchamos juntos y todo comenzó bajo el agua, aunque el acto lo consumamos sobre la cama… Fue la noche más bonita de mi vida: sus besos cubrieron toda mi piel y sus palabras de amor me elevaron al Paraíso. Yo no permanecí como una puta barata pasiva sino que participé activamente: también lo acaricié, lo besé y le expresé todo lo que me hacía sentir.

Era su prostituta de lujo y me entregué a él en cuerpo y alma, y quizás por este motivo, aunque no pude evitar el dolor que me produjo la rotura del himen y el sexo sin condón, sí que fue menor de lo que esperaba, pues, además, Martín lo palió con sus besos. Fue una noche y una primera vez que no olvidaremos: todavía hoy, al recordarla, nos emociona intensamente…

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